Durante demasiado tiempo se ha confundido impacto con visibilidad.
Cuantos más ojos, mejor; cuantos más clics, mayor éxito.
Pero el impacto real no se propaga: se infiltra.
Cuantos más ojos, mejor; cuantos más clics, mayor éxito.
Pero el impacto real no se propaga: se infiltra.
Un impacto significativo no altera estadísticas, altera trayectorias.
No busca convencer a muchos, sino transformar a algunos de forma duradera.
No genera ruido, genera desplazamientos internos: nuevas preguntas, nuevas decisiones, nuevas formas de mirar.
El marketing posthumanista no persigue el efecto inmediato, sino la huella profunda.
Sabe que una idea comprendida por pocos puede ser más poderosa que un mensaje consumido por miles.
El impacto auténtico no se detecta en el corto plazo.
Se reconoce con el tiempo, cuando algo cambia y ya no vuelve a ser igual.