Muchas marcas siguen tratando la emoción como un adorno narrativo.
Algo que se añade al final para “humanizar” la comunicación.
Pero el usuario no recuerda datos aislados.
Recuerda estados internos.
Lo que permanece no es la información.
Es cómo se sintió mientras la recibía.
El marketing posthumanista no comunica primero para emocionar después.
Diseña directamente experiencias emocionales con forma de mensaje.
Porque la emoción no amplifica la comunicación.
La convierte en memoria.