Títulos, currículums y credenciales intentan anticipar algo que solo se revela en contexto: la capacidad real de comprender y adaptarse.
En el futuro del trabajo posthumanista, el talento no se elige, se detecta.
Aparece en la forma de escuchar, de formular preguntas, de integrar conocimiento nuevo sin perder criterio propio.
Las organizaciones que sigan buscando perfiles cerrados encontrarán rigidez.
Las que aprendan a reconocer talento en movimiento encontrarán evolución.
El talento ya no es acumulación de saber, sino plasticidad cognitiva.
No es saber hacerlo todo, sino saber aprender lo que aún no existe.
Y en un mundo cambiante, esa capacidad será el activo más escaso… y más valioso.