Uno de los mayores errores de la comunicación contemporánea es confundir claridad con simplificación.
Reducir mensajes hasta vaciarlos de matices puede hacerlos más digeribles, pero también más engañosos.
Reducir mensajes hasta vaciarlos de matices puede hacerlos más digeribles, pero también más engañosos.
La comunicación ética no elimina la complejidad: la traduce.
No infantiliza al receptor, lo respeta.
Asume que comprender requiere esfuerzo y que el verdadero valor no está en decir menos, sino en decir mejor.
En el marketing posthumanista, comunicar no es persuadir a toda costa, sino habilitar comprensión.
Aceptar que algunas verdades no son cómodas, que algunos procesos no son inmediatos y que no todo puede reducirse a un titular.
La honestidad comunicativa no busca adhesión rápida, sino confianza sostenida.
Y esa confianza no nace de promesas claras, sino de explicaciones coherentes.