El usuario no sabe por qué siente lo que siente.
Cuando alguien dice “me gusta esta marca” o “esta plataforma me resulta incómoda”, cree estar expresando una evaluación racional. Pero en la mayoría de los casos, esa valoración es solo la superficie de un proceso mucho más profundo.
Lo que realmente ha ocurrido es una acumulación previa de microexperiencias:
- tiempos de carga
- microinteracciones
- coherencia visual
- tono del lenguaje
- ritmo de navegación
La decisión final es solo la cristalización de ese proceso.
El marketing tradicional pregunta: “¿qué mensaje funciona?”
El marketing posthumanista pregunta:
“¿qué secuencia invisible ha generado esa sensación?”