En un ecosistema saturado de información, opiniones y métricas, el verdadero coraje ya no consiste en tomar grandes riesgos, sino en mantener una posición que no depende del aplauso.
El coraje posthumanista no es temeridad, es coherencia: la capacidad de actuar según principios incluso cuando nadie observa, incluso cuando el sistema empuja hacia la comodidad.
El coraje posthumanista no es temeridad, es coherencia: la capacidad de actuar según principios incluso cuando nadie observa, incluso cuando el sistema empuja hacia la comodidad.
La presión por encajar, agradar, viralizar o cumplir expectativas ajenas ha convertido la autenticidad en una forma de resistencia.
Ser valiente hoy es no diluirse en lo que otros esperan.
El coraje empresarial tampoco consiste en apostar por lo nuevo, sino en sostener lo necesario cuando lo fácil sería ceder.
En tiempos de volatilidad, el valor no está en moverse rápido, sino en saber qué permanece cuando todo cambia.
El coraje verdadero no hace ruido.
Solo deja huella.