Muchas estrategias de inclusión se limitan a ampliar el elenco de protagonistas.
Más perfiles, más representaciones, más diversidad visible.
Pero incluir no es añadir: es replantear el marco desde el que se comunica.
Más perfiles, más representaciones, más diversidad visible.
Pero incluir no es añadir: es replantear el marco desde el que se comunica.
La verdadera inclusión no consiste en que más personas aparezcan en el relato, sino en que el relato deje de estar construido desde un único punto de vista dominante.
No es cuestión de imagen, sino de estructura narrativa.
El marketing posthumanista entiende que la diversidad no es un gesto reputacional, sino una fuente de inteligencia colectiva.
Cuando se escucha de verdad, la comunicación deja de ser un monólogo sofisticado para convertirse en un espacio compartido de interpretación.
Incluir no es hacer sitio.
Es reconocer que el espacio nunca fue exclusivamente nuestro.