Innovar sin visión es moverse sin dirección.
Adoptar herramientas, lanzar productos, experimentar formatos… todo puede parecer dinamismo, pero sin un horizonte claro se convierte en agitación.
Adoptar herramientas, lanzar productos, experimentar formatos… todo puede parecer dinamismo, pero sin un horizonte claro se convierte en agitación.
La visión no es una predicción del futuro; es una lectura profunda del presente.
Es la capacidad de detectar qué cambios son estructurales y cuáles son ruido pasajero.
Es decidir qué no hacer cuando todo invita a hacerlo.
En el marketing posthumanista, la visión actúa como un eje invisible que alinea tecnología, propósito y estrategia.
Sin ella, cada avance es aislado.
Con ella, cada decisión forma parte de un recorrido coherente.
La diferencia entre tendencia y transformación está en la visión.
Y la visión no se improvisa: se construye con pensamiento crítico y perspectiva larga.