Se dice que vivimos saturados de información.
Pero no es del todo cierto.
Pero no es del todo cierto.
Lo que nos satura no es la cantidad.
Es la falta de significado.
Miles de impactos pasan desapercibidos no porque sean muchos,
sino porque no conectan con nada interno.
El cerebro no se protege del volumen.
Se protege de lo irrelevante.
Por eso, reducir mensajes no es la solución.
Aumentar la precisión sí.