Durante mucho tiempo se pensó que el valor estaba en el producto.
Después, en la propuesta.
Más tarde, en la experiencia.
Después, en la propuesta.
Más tarde, en la experiencia.
Pero el verdadero punto nunca estuvo ahí.
El usuario no compra lo que ofreces.
Compra quién puede llegar a ser después de usarlo.
Si nada cambia, nada importa.
Si algo cambia, todo se justifica.
El marketing posthumanista no describe beneficios.
Identifica transformaciones.