Durante años, crear contenido era suficiente.
Hoy, todos pueden producirlo.
La diferencia ya no está en lo que se dice,
sino en cuándo, dónde y para quién adquiere sentido.
El mismo mensaje puede ser irrelevante…
o transformador.
El marketing posthumanista no compite por volumen.
Compite por significado contextual.
Porque en un mundo de abundancia informativa,
el contexto se ha convertido en la nueva escasez.