El capital puede conseguirse.
La tecnología puede comprarse.
La información puede copiarse.
Pero la confianza sigue siendo lenta, frágil y difícil de reemplazar.
Por eso, las ventajas más sólidas ya no se construyen solo con recursos.
Se construyen con credibilidad.
El marketing posthumanista entiende que cada promesa incumplida consume un activo invisible.
Porque en un mundo saturado de estímulos y abundancia de opciones,
la confianza se ha convertido en la verdadera moneda del futuro.