La información seguirá creciendo.
La automatización seguirá acelerándose.
Los contenidos seguirán multiplicándose.
Pero algo será cada vez más raro:
la capacidad de prestar atención durante suficiente tiempo para comprender.
Quien conserve esa habilidad tendrá una ventaja extraordinaria.
El marketing posthumanista no compite por segundos de atención.
Aspira a merecer minutos de reflexión.
Porque la influencia más duradera no ocurre en el instante del impacto,
sino en el tiempo que dedicamos a pensar después.