No desaparecen cuando dejan de vender.
Desaparecen cuando dejan de aprender.
Una marca puede conservar su logo, su prestigio y sus clientes…
y estar ya desconectada del mundo que viene.
El envejecimiento más peligroso no es visual.
Es mental.
El marketing posthumanista entiende que reinventarse
no es traicionar la identidad.
Es impedir que el pasado se convierta en una prisión.