Muchas marcas hablan de “acompañar al cliente en su viaje”.
Pero el viaje no espera a nadie.
Pero el viaje no espera a nadie.
El usuario cambia, aprende, redefine sus criterios…
aunque tú no lo hagas.
Y cuando vuelves a hablarle con el mismo mensaje de siempre,
no te reconoce.
No porque haya dejado de interesarse,
sino porque tú dejaste de evolucionar antes.
El marketing posthumanista no sigue al usuario.
Anticipa su transformación.