Cada algoritmo prioriza.
Cada sistema decide qué mostrar, qué ocultar y qué acelerar.
Cada sistema decide qué mostrar, qué ocultar y qué acelerar.
Y en esa selección invisible
se redefine silenciosamente la realidad social.
No todo desaparece porque sea malo.
A veces desaparece porque no encaja con la lógica del sistema.
El marketing posthumanista entiende que la visibilidad ya no depende solo del valor,
sino de la compatibilidad con las estructuras que distribuyen atención.
Porque en la era algorítmica,
existir también significa ser procesable.